Tengo más de una razón para disfrutarte. Tu extrañez, tu rareza.
Extranjero, los corazones benditos de Camus somos tú y yo durmiendo sobre los resortes saltarines de un colchón viejo en el departamento.
Monsieur, cada segundo tengo menos que perder. Tendría que estar demente para dejarte pasar y con ese requisito cumplido, podemos empezar a bailar desnudos por la casa.
Todavía tengo mi cepillo viajero.